La ansiedad a veces se muestra en forma de crisis intensas (varían entre personas, pero suele haber sensación de opresión en el pecho o el estómago, sensación de no poder respirar bien, respirar deprisa y descontroladamente, temblores, sudor, sensación de miedo, rigidez en las extremidades, mareo, náuseas...).
Estas crisis o "ataques de pánico" no son lo más habitual: nos encontramos más frecuentemente con una sensación más continua y persistente de nerviosismo, agitación, intranquilidad, sentir que algo va a ir mal, bloqueo a la hora de pensar o bien pensamiento que no para nunca, tener pensamientos repetitivos en bucle con algún tema, repasar mentalmente una situación que hemos vivido una y otra vez…
Y otras veces solo detectamos la ansiedad a través del cuerpo: dolores de cabeza persistentes, malestar estomacal, erupciones en la piez, rojez. contracturas musculares de repetición, náuseas o vómitos a primera hora del día… Todos estos síntomas son reales, físicos, la única diferencia es que el estrés emocional los desencadena o, si ya estaban, empeoran cuando hay estrés o ansiedad. Siempre hay que ir al médico para descartar, pero cuando no se encuentra el motivo del síntoma, los propios médicos suelen recomendar acudir a terapia.